Lamento mucho que este libro de Delibes no me haya conquistado, pues otros que leí de él consiguieron que empatizara con los personajes, pero en este soy incapaz.
No soporto a Carmen, la protagonista y viuda de Mario. Me parece una señora ignorante, materialista, influenciable y muy preocupada por el qué dirán.
Critica todo su matrimonio, pero en vida de su marido no hizo nada por cambiarlo ni por hacerle ver a él sus carencias. En definitiva, habla pero no actúa, por consiguiente, se conforma y no lucha por aquello que añora.
Para Mario solo tiene malas palabras e incluso se avergonzaba de él. Tal vez tiene algo de razón en lo que dice, no lo sé, porque tristemente no podemos escuchar la versión del difunto (irónicamente nadie le dio vela en ese entierro).
Además, Carmen no se hace responsable de sus actos, manipula la situación para no parecer culpable y se autoengaña. No practica la autocrítica en ningún momento y su pensamiento es muy conservador y católico, propio de la España de la posguerra.
Para concluir, ojalá que la protagonista me hubiese caído en gracia porque el libro está muy bien ejecutado y cumple con creces su función de monólogo interior. Pensándolo bien, tal vez esa virtud es su defecto, pues si los pensamientos no fuesen tan repetitivos no se me haría tan pesado, pero así funciona el cerebro humano cuando rumia.
Pd: si Mario le hubiese comprado un “Seiscientos” en su día, el libro no tendría ni la mitad de las páginas jajaja.
Hasta la próxima lectura,
Anedra.