Con una técnica similar a la de Truman Capote, Carrère se centra en analizar la vida de un hombre llamado Jean-Claude Romand que fingió, durante dieciocho años, ser un prestigioso médico que trabajaba en la Organización Mundial de la Salud.
Lo más escalofriante de esta historia es que es real, ha sucedido en Francia y fue en el año 1993 cuando Romand asesinó a sus padres, a su mujer y a sus dos hijos por miedo a que descubrieran que toda su vida era una mentira.
Todo comenzó cuando dejó de presentarse a los exámenes de la carrera de medicina haciéndole creer a todo el mundo que sufría un cáncer. Luego, la farsa siguió adelante y se las apañó para que todos sus compañeros creyesen que se había graduado.
¿Por qué una persona miente? Yo creo que Romand empezó a mentir porque se avergonzaba de sí mismo. El hecho de suspender el último examen de su primer año de medicina cuando era considerado un alumno modelo, le provocó una decepción consigo mismo. Además, la chica que le gustaba (y acabó siendo su mujer) en ese momento lo rechazó, entonces imagino que se sentiría insuficiente. Tampoco era popular, en su grupo de amigos no notaban su ausencia porque no participaba demasiado y se limitaba a estar. Supongo que mentir fue la única manera, o la más fácil, que encontró para ser visto y respetado.
«Una mentira, normalmente, sirve para encubrir una verdad, algo vergonzoso, quizá, pero real. La suya no encubría nada».
Nunca alardeaba de sus logros (obviamente, porque no existían) y sus conocidos lo consideraban una persona muy humilde y modesta. Si bien es cierto que fue un buen padre, engañó a su esposa durante una larga temporada con una mujer divorciada mientras que su familia pensaba que estaba de viaje de negocios. Él mismo reconoció que con su amante podía ser él mismo, por lo menos al principio, aunque tuviese que fingir ser médico.
Estafó a familiares y su propia amante con promesas de inversiones y depósitos bancarios porque tampoco encontró otra forma de conseguir dinero, al final no trabajaba.
¿Cómo puede una persona engañar a todo su círculo durante dieciocho años? Supongo que por la confianza que él les brindó, a pesar de haber bastantes cosas sospechosas: no quería que nadie lo llamase al despacho y su familia nunca conoció a compañeros de trabajo o incluso a su jefe. Es raro que en casi dos décadas tu vida laboral esté formada por fantasmas.
¿Te compensa quedarte sin tus seres queridos para que no descubran la verdad? Sinceramente se iba a quedar solo igualmente, ya que no creo que su esposa le perdonase. Tal vez podría seguir viendo a sus hijos y sus padres podrían llegar a perdonarle, pero la relación no iba a ser la misma porque la confianza se habría esfumado.
Aun así, nadie debería de tener el derecho de decidir cuando la vida de otra persona debe terminar. No hay nada que lo excuse de los crímenes que cometió, simplemente pura cobardía, no le encuentro otra lógica y es deprimente. Estaría bien, entiéndase por bien a la mejor solución, que Jean-Claude hubiese leído a Camus y que reflexionase acerca del suicidio. Sé que no es una invitación moralmente correcta, pero en su caso sí. Él quiere renunciar a que se descubra la verdad y no quiere estar presente mientras que su familia lo detesta, ¿cuál es la solución? Hay tres: afrontar la realidad (cosa que no quiere), irse lejos donde nadie lo conozca o terminar con su existencia (hay que tener valor para esto).
Desde mi punto de vista, lo mejor sería afrontar la realidad, pero conociendo la personalidad de este individuo tendría que suceder un milagro. Además, ¿quién eres cuando reconozcas que llevas dieciocho años engañando? Sería una pérdida de identidad en toda regla, un desconocido para sí mismo. De igual manera, sería la opción más madura, sensata y valiente.
La tercera opción no fue capaz de llevarla a cabo y eso que lo intentó varias veces (según él). Esto lo tendría que llevar a reflexionar acerca de que “si no yo mismo quiero morir con toda la basura que tengo encima, imagínate alguien inocente con toda la vida por delante”. La decisión de asesinar lo convierte en alguien frío, egoísta y tal vez un poco impulsivo (esto no sé si lo tengo del todo claro porque los crímenes fueron premeditados, incluso compró el material que le faltaba y todo).
La segunda opción a la larga no creo que fuera buena. Al final supongo que tendrías la tentación de regresar para ver cómo va todo. Dejarías a tu familia en un estado de incertidumbre y se terminaría descubriendo todo antes o después. Seguro que su esposa intentaría contactar con alguien de su trabajo, se descubriría que no existe nadie que se llamase así y poco a poco todo saldría a la luz.
En definitiva, es mejor dar la cara desde un principio porque no sé cómo, todo se termina descubriendo y a veces no de la mejor manera.
Como última reflexión, la pregunta que más me asusta es la siguiente: ¿quién era realmente Jean-Claude Romand cuando estaba solo? Me asusta porque tengo que meterme en su mente y no tengo ni idea de por dónde empezar. ¿Sabría él mismo quién era? Según él, tenía muchas libretas en las que hacía “journaling” para procesarlo todo. Era una persona que estaba mucho tiempo consigo mismo y tal vez incluso se creyó sus mentiras. Al final, cuando todo el mundo cree algo que dices, aunque no sea cierto, ya no consigues distinguir si había algo falso ahí. La mentira transforma la realidad y lo peor es que está al alcance de todos aquellos que sepan hablar.
«Frente a la evidencia, se defendió como el hombre que había pedido prestado un caldero y que, en una historia que encantaba a Freud, cuando el que se lo había prestado le reprocha que se lo haya devuelto agujereado, alega primero que el caldero no tenía todavía un agujero cuando lo ha devuelto, luego dice que estaba ya perforado cuando se lo prestó el otro y finalmente que nadie le ha prestado nunca un caldero».
Si me preguntas quién es Jean-Claude Romand (porque sigue vivo y creo que se encuentra fuera de prisión desde 2019), te diré que es una persona que se quedó estancada intentando ser alguien que nunca llegó a ser mientras se sentía acobardado por la presión social. Es un claro ejemplo de que cada historia se forma a partir de las decisiones que tomamos, aunque en este caso no fueran las correctas.
Tengo curiosidad por saber cómo se define él, porque antes podía decir que era médico, ¿pero ahora?
«De que Jean-Claude Romand no representa una farsa para los demás, de eso estoy seguro; pero el mentiroso que hay en él, ¿no la representa para sí mismo? Cuando Cristo entra en su corazón, cuando la certeza de ser amado, a pesar de todo, hace que rueden por sus mejillas lágrimas de alegría, ¿no sigue siendo el adversario quien le engaña?».
Hasta la próxima lectura,
Anedra.