En alguna sección de esta página web dije que algún día hablaría sobre el “amor” y ha llegado el momento.
No te voy a mentir, estoy con una infusión al lado intentando mentalizarme sobre el tema que voy a tratar. No es un tema fácil. Es un tema muy subjetivo cargado de un montón de vivencias personales que poco a poco fueron consolidando la idea que tengo sobre este sentimiento.
Todo empezó cuando me fui enterando de que prácticamente todos mis conocidos tienen pareja y eso me llevó a pensar algo que seguramente pensaste tú también en algún momento de tu vida: ¿por qué todo el mundo tiene pareja menos yo? ¿acaso no soy lo suficientemente atractiva como para gustarle a alguien?
Esta segunda pregunta me hace gracia porque también me podría haber preguntado lo contrario: “¿acaso no hay alguien lo suficientemente atractivo como para llamar mi atención?”.
Como ves, todo es cuestión de perspectiva: en el primer caso me estoy infravalorando mientras que en el segundo caso estoy evaluando qué rasgos me gustaría que tuviese una persona para considerarla atractiva, es decir, llamo a la introspección.
Pues bien, yo tengo una definición muy breve sobre lo que es el amor y para ello invito a Benedetti para que nos recuerde una de sus citas más famosas:
«Me gustaría pasar el resto de mis días con alguien que no me necesite para nada, pero que me quiera para todo».
El amor es simple. El amor no es dependencia ni es necesidad. Es estar y ser con la otra persona. Es acompañar. Es entender. Es escuchar. Es ayudar. Es valorar. Es respetar. Es querer.
Considero que el ser humano está capacitado para realizar muchas actividades de forma independiente y con actividades me refiero a cosas ordinarias como pasear, ver una peli, cocinar, ir de compras, ir a la playa… ¿Pero qué pasa cuando esas actividades son mil y una veces mejores si las haces acompañado de ESA persona? Para mí eso es el amor. Es aceptar a alguien en tu rutina para crear recuerdos juntos.
Bajo mi punto de vista es difícil encontrar a alguien que te complemente. Lo intenté dos veces en serio y en ninguna de ellas se cumplieron los requisitos básicos formados por los verbos que enumeré arriba. De ahí que pueda afirmar que no cualquier relación merece el nombre de “amor”. Es agotador perder el tiempo con personas cuya inteligencia emocional brilla por su ausencia. Reconozco que yo tampoco soy perfecta, nadie lo es, y que tal vez idealizo muy rápido a alguien y cuando no cumple mis expectativas me decepciono y ya no hay vuelta atrás.
A veces también me pregunto si exijo demasiado y luego, reflexionando, llego a la conclusión de que exijo lo que ofrezco y no lo recibo de vuelta. Me drena la falta de interés y veo ridículo tener que explicarle a alguien como me tiene que tratar.
El amor no duele. Cuando hay una relación sana, no hay dudas, no hay ansiedad y no hay vigilancia. Si en algún momento desconfías, no omitas esa información sensorial. Al final las sensaciones no son fruto de la razón.
Es verdad que hay momentos en los que añoro querer a alguien y sentirme querida. Como dijo Milan Kundera: “Todos necesitamos que alguien nos mire”. Y sí. A todos nos gusta saber que existe alguien pendiente de nosotros y orgulloso de todos nuestros logros. Porque querer es admirar a la otra persona y sonreír si la otra persona sonríe.
No me considero una romántica. De hecho, me cuesta mucho decir en voz alta palabras de afecto. Creo que mi estilo de afecto, según los cinco que menciona Gary Chapman, son los actos de servicio.
Llegando ya al final de esta reflexión, no siento envidia hacia ninguna de las parejas que conozco. El amor es algo espontáneo que llega sin avisar y donde menos te lo esperas. Se dice que una persona está preparada para conocer a alguien cuando no lo busca y está centrada en sus propios objetivos. Reconozco que la primera pareja que tuve llegó tal cual así, aunque luego no terminase bien. La segunda llegó por capricho mío, más bien, y terminó peor. Con capricho me refiero a que lo estuve idealizando durante meses antes de conocerlo y luego el golpe de realidad fue tremendo.
En definitiva, el amor es sentir paz mientras compartes tu silencio con otra persona.
Hasta la próxima ida de olla,
Anedra.